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domingo, 29 de diciembre de 2013

Yo estuve en Misa: FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA.


Descubrimos en el evangelio hoy cuanta confianza ha puesto Dios Padre en los hombres. 
Ha buscado la inocencia de una joven doncella para que sea su madre y la honradez de un humilde carpintero que protegerá a su mujer contra todo lo que pueda atentar a su familia. 

Es la familia la cuna de Dios en la tierra.

No temamos a perder la vida en ello, cada cual desde el lugar que ocupa dentro de una misma familia, la de los hijos de Dios.

El Padre se encargará de enviarnos sus mensajeros igual que en su día envió al ángel a decir a José que cogiera a su esposa y al Hijo y saliera de Belén, salvando a Jesús así de la matanza de los Santos Inocentes. Hoy en nuestra sociedad aún los inocentes mueren victimas de los abortos, porque el anticristo así engaña a la mujer, como a la primera Eva, seduciéndola con una vida perfecta donde ella puede mandar y llevar su vida independiente. Un ideal para la mujer actual que se siente atraída por una libertad engañosa, difícil de comprender el engaño si no es iluminado por la luz del conocimiento que nos proporciona el Espíritu Santo.

A todos los que hoy han sido llamados al matrimonio, a formar cunas para Dios en nuestras familias, en nuestros hijos FELICIDADES.




Lo que dice el Papa Francisco sobre este Evanhgelio de la familia:

   Fe y familia: En el camino de Abrahán hacia la ciudad futura, la Carta a los Hebreos se refiere a una bendición que se transmite de padres a hijos (cf. Hb 11,20-21). El primer ámbito que la fe ilumina en la ciudad de los hombres es la familia. Pienso sobre todo en el matrimonio, como unión estable de un hombre y una mujer: nace de su amor, signo y presencia del amor de Dios… Fundados en este amor, hombre y mujer pueden prometerse amor mutuo con un gesto que compromete toda la vida y que recuerda tantos rasgos de la fe. Prometer un amor para siempre es posible cuando se descubre un plan que sobrepasa los propios proyectos, que nos sostiene y nos permite entregar totalmente nuestro futuro a la persona amada. La fe, además, ayuda a captar en toda su profundidad y riqueza la generación de los hijos, porque hace reconocer en ella el amor creador que nos da y nos confía el misterio de una nueva persona. En este sentido, Sara llegó a ser madre por la fe, contando con la fidelidad de Dios a sus promesas (cf. Hb 11,11).


    En la familia, la fe está presente en todas las etapas de la vida, comenzando por la infancia: los niños aprenden a fiarse del amor de sus padres. Por eso, es importante que los padres cultiven prácticas comunes de fe en la familia, que acompañen el crecimiento en la fe de los hijos. Sobre todo los jóvenes, que atraviesan una edad tan compleja, rica e importante para la fe, deben sentir la cercanía y la atención de la familia y de la comunidad eclesial en su camino de crecimiento en la fe.

Encíclica “Lumen fidei”, § 52-53 (trad. © Libreria Editrice Vaticana)